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Elizabeth Jenkins

La tortuga y la liebre

  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    No hablamos de carreras, por una vez. La señorita Silcox no ha visto nada malo en que Evelyn tuviera una amante mientras estaba casado con Imogen, pero como quiera tener otra cuando se haya casado con ella...
    –No me parece nada probable –dijo Hunter, algo preocupado–. A pesar de todo, Evelyn no es un calavera.
    –No. Pero, si le apeteciera tener una amistad romántica, las opiniones de la segunda señora Gresham sobre el carácter sagrado del matrimonio serían de lo más...
    –¿De lo más qué?
    –De lo más temibles. Sobre el carácter sagrado del matrimonio con ella, claro está.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    Todos los detalles prácticos los dejaba en manos de Evelyn, de Evelyn y Blanche Silcox: desde la importante y complicada cuestión del propio divorcio y los planes inmediatos para las vacaciones de Gavin a los asuntos más simples de la casa. La señorita Malpas se quedaría a cargo de todo. Esta mujer, tan extraña, enigmática y lista, no necesitaba explicaciones, tal como vio Imogen; al menos de ella, ninguna. Era una suerte ahorrarse semejante suplicio en este momento, limitarse a decir: «Me voy a Londres tal día. El señor Gresham vendrá el viernes».
    Cuando iba camino de la puerta del salón, sonó el teléfono. Descolgó, cortó la llamada y dejó el auricular descolgado, para que no volviera a sonar.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    He sido tonto, de eso no hay duda. Pero tú antes tenías unas ideas muy liberales sobre estas cosas.
    –Sí. –Y luego–: Pero nunca me imaginaba una situación como esta. Esto no es un capricho, un adorno o un complemento, sino algo tan doméstico que ya parece tu mujer. Y tan intenso y solemne... Esa cara terrible... Ese poder, esa determinación. Y sufrimiento, también. ¡Unas emociones tan profundas, naturalmente! ¡Esa palidez y ese amor tan severo! –Parecía concentrada en alisar y examinar el pañuelo que tenía en las rodillas. Como si hablara consigo misma, murmuró–: Me estoy volviendo idiota.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    –¿Sigue en el vestíbulo la bolsa que has traído de Londres?
    –Sí, querida.
    –Entonces, ¿lo tendrías todo listo si pudieras ir a pasar la noche en casa de Blanche Silcox?
    –Así es. Puedo ir si tú quieres.
    –Sí, quiero, sinceramente. –Se quedó quieta, deseando verlo salir, deseando quedarse sola antes de romper a llorar de nuevo.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    Blanche Silcox quiere que pida el divorcio.
    –No conseguirá obligarlo si él no quiere. No creo que se lo exija abiertamente. No sería propio de ella dar el paso sin tener la seguridad de que va a ganar.
    –Ya ha conseguido muchas cosas que nadie habría imaginado.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    Darles a la fuentes un baño de plata era un detalle sin importancia, pero el tejido de la vida conyugal está hecho de detalles sin importancia. Y este se asociaba ahora con algo fatal. Cuando, a raíz de la visita de Blanche, le propuso a Evelyn llevar las fuentes a un platero, él lo rechazó como si ya no le interesara.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    Evelyn habló más que nadie, en un tono simpático y natural. Era tan grande su bienestar, tan completa su relajación, que podía permitirse ser cortés y cauto al mismo tiempo
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    Fue al ver cómo miraba a Evelyn, sonriente, extasiada, muda, atenta a cada uno de sus gestos y palabras, impaciente por favorecer su comodidad y su felicidad, cuando se produjo la revelación: había un equilibrio entre los dos. Se compensaban mutuamente. Como si recibiera un fogonazo, Cecil tuvo la visión de esa afinidad química sexual que puede darse sin que exista ningún atractivo o encanto exterior y, cuando se da, lo vuelve irrelevante.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    Evelyn lo llevaría en coche a Paddington, donde se reuniría con el grupo del colegio. Imogen dio por sentado que ella no podía ir: sabiendo lo inoportuna que resultaría su presencia en semejante ocasión, ni siquiera le apetecía. Por eso se sintió superada al enterarse de que Blanche Silcox iba a acompañarlos. Puso tal cara de sorpresa y fastidio que Evelyn le contestó de malos modos.
    –¿Por qué no puede venir, querida? Blanche pensaba ir a Londres de todos modos y me traerá después. –Al cabo de un momento añadió–: No vendrá al andén con nosotros.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    Paul habría preferido comer en casa, algo más ligero, en vez de unirse al grupo, porque una hora después tenía que extirpar un pulmón, pero rara vez podía resistirse a una propuesta de Evelyn Gresham, y le hacía ilusión la presencia de Imogen
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