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Elizabeth Jenkins

La tortuga y la liebre

Imogen Gresham tiene treinta y siete años y es una mujer guapa, diligente, sensible a la naturaleza y consagrada a velar por el bienestar de su exigente marido. Este, un abogado muy prestigioso, le lleva quince años, está acos-tumbrado a ser admirado, detesta todo lo que no sea útil y solo espera de su mujer un buen orden doméstico. Viven en una gran casa en un pueblo de Berkshire y tienen un hijo de once años, que llama a su madre «tonta de remate» y añade: «No hace nada, solo sufre». Este sufrimiento tiene cada día más que ver con la presencia creciente en la vida de su marido de una vecina, Blanche Silcox, una mujer soltera de cincuenta años, rica, pi-lar de la comunidad, a la que le gusta cazar y montar y que se expresa con modales bruscos y toscos en un tono insólitamente autoritario. Imogen ve con horror y desesperación cómo Blanche ofrece descaradamente a su ma-rido todo lo que ella parece que no es capaz de ofrecer. Cada pequeño in-dicio de esta relación adúltera es como una tortura y va minando su amor propio y anulando una personalidad que ya no recuerda haber tenido. La tortuga y la liebre (1954), una de las novelas más reconocidas de Eliza-beth Jenkins, gira en torno a algunas de las más dudosas virtudes la mujer británica: la contención, la abstención, el «aguante». La novela es un aná-lisis profundo, sutil e hiriente sobre las premisas sobre las que se constru-ye un matrimonio convencional y también sobre las circunstancias y el tejido emocional que lo deshacen.
314 printed pages
Original publication
2026
Publication year
2026
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Impressions

  • Dianela Villicaña Denashared an impression4 months ago
    👍Worth reading

Quotes

  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    No hablamos de carreras, por una vez. La señorita Silcox no ha visto nada malo en que Evelyn tuviera una amante mientras estaba casado con Imogen, pero como quiera tener otra cuando se haya casado con ella...
    –No me parece nada probable –dijo Hunter, algo preocupado–. A pesar de todo, Evelyn no es un calavera.
    –No. Pero, si le apeteciera tener una amistad romántica, las opiniones de la segunda señora Gresham sobre el carácter sagrado del matrimonio serían de lo más...
    –¿De lo más qué?
    –De lo más temibles. Sobre el carácter sagrado del matrimonio con ella, claro está.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    Todos los detalles prácticos los dejaba en manos de Evelyn, de Evelyn y Blanche Silcox: desde la importante y complicada cuestión del propio divorcio y los planes inmediatos para las vacaciones de Gavin a los asuntos más simples de la casa. La señorita Malpas se quedaría a cargo de todo. Esta mujer, tan extraña, enigmática y lista, no necesitaba explicaciones, tal como vio Imogen; al menos de ella, ninguna. Era una suerte ahorrarse semejante suplicio en este momento, limitarse a decir: «Me voy a Londres tal día. El señor Gresham vendrá el viernes».
    Cuando iba camino de la puerta del salón, sonó el teléfono. Descolgó, cortó la llamada y dejó el auricular descolgado, para que no volviera a sonar.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted4 months ago
    He sido tonto, de eso no hay duda. Pero tú antes tenías unas ideas muy liberales sobre estas cosas.
    –Sí. –Y luego–: Pero nunca me imaginaba una situación como esta. Esto no es un capricho, un adorno o un complemento, sino algo tan doméstico que ya parece tu mujer. Y tan intenso y solemne... Esa cara terrible... Ese poder, esa determinación. Y sufrimiento, también. ¡Unas emociones tan profundas, naturalmente! ¡Esa palidez y ese amor tan severo! –Parecía concentrada en alisar y examinar el pañuelo que tenía en las rodillas. Como si hablara consigo misma, murmuró–: Me estoy volviendo idiota.

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