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Norma Muñoz Ledo

El nuevo restaurante de Pierre Quintonil

El nuevo restaurante de Pierre Quintonil es un lugar donde se sirve comida muy especial, no sólo por lo deliciosa, sino, sobre todo, por lo que pasa con el estado de ánimo de las personas que la prueban: si una persona está enojada y come en el nuevo restaurante de Pierre Quintonil, se le quita lo enojada; si es de los que les gusta molestar a los demás, se vuelve amable; si está triste y siente “una bola en la garganta”, ésta desaparece… en fin, la comida de este lugar parece ser una medicina para el alma… ¿será cosa de magiao de brujos? Isa y Rodrigo, dos hermanos que viven muy cerca del restaurante, por azares del destino llegan a ese lugar y luego no pueden dejar de ir, no sólo por el bienestar que les produce la comida sino porque las personas que trabajan allí, Pierre, la tía Oti y Cirilo, son muy amables y cariñosos con ellos. Sin embargo, Isa se da cuenta de que lo que pasa con la gente que come en ese lugar no es normal y está dispuesta a descubrir el secreto.
90 printed pages
Copyright owner
Bookwire
Original publication
2015
Publication year
2015
Publisher
Ediciones SM
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👍👎

Impressions

  • Grisshared an impression2 years ago
    👍Worth reading
    🌴Beach Bag Book
    🐼Fluffy
    💧Soppy

    Un libro muy tierno que se lee en unas horas. Hace demasiado que un libro no me atrapaba y me hacía leerlo rápido. Me gustó mucho, hasta lloré

  • Selshared an impressionlast month
    👍Worth reading
    💡Learnt A Lot
    😄LOLZ
    🐼Fluffy

  • Ulises Flores Hernandezshared an impression10 months ago
    👍Worth reading

Quotes

  • Selhas quotedlast month
    Una receta para Pierre
  • Selhas quotedlast month
    Apenas entramos en la casa empezó el regaño.
    —¿Por qué estaban ahí, Isabel? ¿No te pedí que ya no fueran al restaurante? ¿No eres la hermana grande?
    No sabía qué contestar.
    —Isabel, contéstame. ¿No les dije que ya no fueran? Esas personas no son tu familia, no los conozco, no me gusta que ustedes estén ahí metidos.
    Miré los ojos de mi mamá. Estaban apachurrados, como se le ponen a uno cuando está muy enojado. Y había algo más, una como nube de tormenta en la parte de arriba del iris.
    —Contéstame, Isabel —insistió mamá con impaciencia.
    —Es que... nos gusta ir porque... nos cae bien Pierre.
    —¿Les cae bien? ¡Pero Isabel! ¡Qué irresponsable eres! ¿Cuántas veces fueron?
    Ya no pude más. La bola en mi garganta creció y creció hasta que sentí que se reventó. Entonces empecé a llorar.
    —¡Fuimos cuatro o cinco veces! ¡Y fuimos con él al mercado el sábado!
    —¿Por qué me desobedeciste? —preguntó mamá con una cara que no era la suya. Rodrigo empezó a llorar también, escondido detrás de mí.
    —¡Porque sí! ¡Porque Pierre es nuestro amigo! —grité entre sollozos—, porque nos sentimos contentos y porque...
    —Pero yo no los conozco...
    —¡Eso es, mamá! No los conoces, pero ellos son... son... muy lindos. Y nos hacen sentir contentos.
    Mamá suspiró muy fuerte y se sentó en un escalón.
    —Pero Isa... tú eres la grande; tienes que cuidarte tú y cuidar a tu hermano.
    —Eso me dices siempre —grité— ¡siempre tengo que ser la grande! ¡Ya no quiero ser la grande!
    Rodrigo seguía escondido atrás de mí, pero me zafé y subí corriendo las escaleras. Cerré la puerta con llave y me senté en mi cama. Me sentía muy triste. Pasó un rato muy largo. Oí que Rodrigo se bañaba y que mamá le daba de cenar, pero yo no quise salir. De repente ya no se oyó ningún ruido y mamá tocó la puerta de mi cuarto.
    —Isa, quiero hablar contigo.
    Le abrí la puerta y las dos nos quedamos ahí paradas. Entonces mamá me dio la mano y nos sentamos en la cama. Me miró a los ojos, me arregló el pelo y me dio un abrazo muy fuerte.
    —Perdóname, Isa. Es que a veces siento que cargo al mundo en mi espalda. Y la verdad es que todo el mundo tiene problemas.
    —Tú también perdóname... porque te desobedecí.
    —Me hubieras dicho la verdad.
    —Pero tú no querías oírme.
    Mamá meneó la cabeza y suspiró.
    —Ay, Isa. Es que a veces quisiera que todo fuera perfecto y que ustedes se portaran como robotitos, pero eso no puede ser. ¿Y sabes una cosa? No eres irresponsable. Al contrario, me ayudas mucho aunque sólo tienes diez años. Cuando yo tenía tu edad, no tenía que cuidar a ningún hermanito.
    Mamá y yo nos volvimos a abrazar y así estuvimos un buen rato. Yo ya no sentía la bola en la garganta, ni tampoco al gusanito. Se habían ido.
  • Selhas quotedlast month
    que había en mi casa cuando yo era chico.

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