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Márai Sándor

  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    Es un hombre, me decía; es orgulloso, me decía también; es de familia burguesa, es un solitario. Pero no eran más que excusas.
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    —¿Qué me quedará de la vida si comparto al hombre al que amo? —Lo pregunté con tanta pasión que me asustó el sonido de mi voz—. ¿Una casa? ¿Una posición social? ¿Alguien con quien almorzar y cenar, y que a veces me obsequia con un poco de ternura, del mismo modo en que se da una aspirina en medio vaso de agua a un enfermo que sufre y se lamenta?
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    Me preguntaba si tenía derecho a preocuparme por mí misma, por mi propia vida de una manera tan obsesiva, con tanta vehemencia. En medio de la miseria y la desgracia de millones de personas, ¿cómo podía sufrir porque mi marido no era mío por completo? ¿Qué importaba el secreto de su vida y mi infelicidad personal frente a los secretos y trastornos del mundo? ¿Con qué derecho indagaba en este o en otros secretos de un mundo ya de por sí bastante salvaje, aterrador y misterioso? Pero son cuestiones fútiles, ¿sabes? Una mujer no puede sentir como suyos todos los problemas universales.
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    Porque los seres humanos somos así, vivimos entre extremos, entre orillas infinitamente alejadas
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    Quizá la vida no era para él más que un juego peculiar y macabro, un experimento en el que jugar con ingenio, igual que un científico juega con ácidos y sustancias químicas peligrosas sin importarle que un día el mundo entero pueda saltar en pedazos.
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    Aquella mañana, mientras sujetaba el cuaderno en el que la cocinera, una ladrona insaciable, escribía obviamente las cifras que le venían en gana, reparé por primera vez en mucho tiempo en que todo lo que en ese momento me hacía sufrir y desesperarme sólo era tan importante a causa del embrujo cruel y maléfico del dinero. Pensé que si hubiese sido más pobre me habría preocupado menos por mi marido, por mí misma y por las cintas moradas que aparecen aquí o allá.
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    La mujer que vivía en aquella habitación había renunciado de forma consciente y deliberada a todas las pequeñas comodidades, a los lujos baratos, a los brillos mediocres. Se notaba que rechazaba con inexorable rigor las sobras que el mundo le ofrecía. Sí, había rigor en aquel cuarto. No había lugar en él para la ensoñación o para la pereza, para estar tirado sin hacer nada. Lo habitaba una mujer que vivía como si hubiese hecho un voto. Pero aquel voto, aquella mujer, aquel cuarto no inspiraban simpatía. Por eso estaba tan asustada.
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    La mujer que tenía delante no era una vampiresa disfrazada de doméstica, una amante llegada del infierno o una sirena seductora de las que suele haber en los hogares burgueses infectos y corruptos. No, aquella mujer no era la amante de mi marido aunque llevara sus fotografías al cuello en un medallón colgado de una cinta morada. ¿Sabes cómo era aquella mujer? Te diré lo que sentí: era antipática, pero estaba a mi altura. Era una mujer igual de entusiasta, sentimental, fuerte, sensible y sufridora que yo y que todos los seres humanos que se precien.
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    Una mirada atenta que no se cansaba. Una renuncia que no era altruista ni humilde sino soberbia, altanera. ¿Por qué dicen siempre que las clases más ricas son altaneras? Yo he conocido a condes y a princesas, y ninguno era presuntuoso. Más bien parecían inseguros, con un poco de cargo de conciencia, como todos los grandes señores… Pero aquella campesina que me sostenía la mirada de manera desafiante no era humilde ni se sentía culpable. Su mirada era fría, brillante… como la hoja de un cuchillo de caza. Aparte de eso mostró un respeto y una educación perfectos. No dijo nada, no hizo nada, no movió ni un músculo. Era una mujer y estaba viviendo el momento más importante de su vida. Lo vivía en cuerpo y alma, con todo su ser y su destino.
  • Lalo Hdezhas quoted2 years ago
    Pero hay momentos en la vida en que comprendemos que lo absurdo, lo imposible y lo inconcebible son en realidad tan ordinarios como sencillos. De pronto vemos con claridad todo el entramado de la vida: desaparecen entre bastidores personas que creíamos importantes y del fondo en sombras emergen otras de las que no sabíamos nada, pero en cuanto aparecen sabemos que estábamos esperándolas, y ellas a nosotros, en un destino común…
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