De prosa poética a poesía, este libro es un memorial político, social y humano acerca de una de los mayores males de la humanidad: atentar contra la libertad y la vida de personas migrantes.
Es un libro de dolor, escrito con fuego. No hay manera de ser indiferente. Y, sí, hay un sesgo de ironía, de rebelión metafísica cuando dice que estaría bien que dios escuchara. Es poesía, es denuncia, es cruce de tiempos, y es vergüenza infinita.
También respira esperanza, la poesía trae esperanza y humanismo. El asomo a las tumbas anónimas estremece porque ahí hay carne de nuestra carne, de una humanidad que en la memoria reclama una justicia que tal vez nunca llegue pero ante lo que no se puede guardar silencio.
Lectura obligatoria, porque la empatía es algo de carne y de manos.