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Álvaro Enrigue

Vidas perpendiculares

  • Alejandra Arévalohas quoted7 years ago
    Me solté un poco más cuando hablamos del año que pasé en Guadalajara en casa de mi abuela; era territorio conocido para ella y un sitio en el que su conversación se llenaba de perlas: despreciaba con veneno y gracia únicos aquella ciudad a la que todos los que la conocemos odiamos pero es anatema decirlo. No es ni ciudad ni pueblo –decía–; no es ni provinciana ni una metrópoli; no es católica y reaccionaria como Puebla o satánica y comunista como el Distrito Federal; no es nada, pero tiene un clima perfecto, así que nadie se va.
  • Alejandra Arévalohas quoted7 years ago
    Si se ha vivido lo suficiente se sabe que, después de todo, los libros de Freud –tan literarios y potentes– no pasan de interesantes intentos de seducción de un viejo cocainómano y malo en la cama. Cuando mucho mitologías estupendamente escritas: tratados sobre vacas y campanas.
  • Adal Cortezhas quotedlast month
    Caminamos hacia el Zócalo por Madero, rumbo a un lugar que se llama El Cardenal. El aire finísimo de las montañas de alrededor de la ciudad como un estilete de menta en mi cerebro, las ingles usadas y contentas, la entrepierna en reconciliación consigo misma tras el hallazgo de su función verdadera, grácil y salvaje.
  • Adal Cortezhas quoted2 months ago
    Jerónimo había desarrollado desde el primer día una vida completamente normal: había recuperado sus libertades y hasta ingresado por unas semanas a un equipo de futbol en el que conoció a otros niños. Tenía acceso a la biblioteca de su abuelo muerto, que no era mala y era toda para él solo: su abuela, como su madre y todos los demás mexicanos, consideraban que la lectura era cosa de curas o endemoniados.
  • Aída Palomohas quoted4 months ago
    leíamos la escritura brillante de su saliva en las matas,
  • Aída Palomohas quoted7 months ago
    dotado como estaba por la imaginación totalmente fuera de control propia de los cochinos.
  • Viridiana Caballero Garcíahas quoted2 years ago
    No es que seamos difíciles de entender, es que la lengua no alcanza para liberar con claridad las infinitas variables que implica estar dándole vueltas a una cosa todo el día
  • Rafael Ramoshas quoted4 years ago
    Antes de que se me volviera a quedar dormida, la sacudí otra vez del hombro. Qué pasa, dijo. ¿Te acuerdas?, le volví a preguntar. ¿De qué? De Filadelfia, le dije. No conozco Filadelfia, me dijo. Sí la conoces, le respondí, la otra Filadelfia. ¿Cuál otra? ¡Hincados, sentados, parados!, le dije. Me cerró los ojos con la yema de los dedos: Ya duérmete.
  • Rafael Ramoshas quoted4 years ago
    Me volvió a tener de inmediato y, tras una siesta breve, me despertó para enseñarme que de un cuerpo humano se pueden desprender todos los alimentos. Nos venimos sin tregua, la fruta carnívora de sus olores creciendo como orquídeas en las paredes del cuarto. Pidió dos cervezas a la recepción para recuperar un poco el aliento y mientras nos las bebíamos nos carcajeamos como idiotas, probablemente de todo.

    Transitamos lentamente a la saliva y me avoqué a complacerla, sin reverencia, ella dictándome pequeñas instrucciones con las yemas de los dedos. Le prendí fuego, o se prendió fuego a través de mí. Terminé debajo de ella, dando un número de titán que no me correspondía. Cuando se vino con un furor de endemoniada que me hizo pensar que lo que quería era alzarme a su útero y guardarme ahí, cerró los ojos, bajó la cara un segundo, respiró hondo, y se alzó radiante por el rocío de sí misma. Gritó: ¡Hincados, sentados, parados! Me vine con toda mi alma. Se derrumbó sobre la cama.
  • Rafael Ramoshas quoted4 years ago
    Caminamos hacia el Zócalo por Madero, rumbo a un lugar que se llama El Cardenal. El aire finísimo de las montañas de alrededor de la ciudad como un estilete de menta en mi cerebro, las ingles usadas y contentas, la entrepierna en reconciliación consigo misma tras el hallazgo de su función verdadera, grácil y salvaje.
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