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Carlos González

  • Amy Guerrerohas quoted2 years ago
    Un par de ejemplos en los que quiero creer que todos mis lectores coincidirán: la policía jamás debe torturar a un detenido, el marido jamás debe golpear a su esposa. ¿Le parece que estos «jamases» resultan demasiado extremistas, tal vez fanáticos? ¿Debería adoptar una postura intermedia, más conciliadora y comprensiva, como torturar poquito y solo a asesinos y terroristas, o pegar a la esposa solo cuando ha sido infiel? Rotundamente
  • Amy Guerrerohas quoted2 years ago
    . Pues bien, del mismo modo, no estoy dispuesto a aceptar que «un cachete a tiempo» sea otra cosa que malos tratos, ni conozco ningún motivo por el que haya que hacer caso a los niños de día pero no de noche.
  • Amy Guerrerohas quoted2 years ago
    qué será que pegar a un adulto se llama «violencia doméstica» pero pegar a un niño se llama «castigo físico»?).
  • Amy Guerrerohas quoted2 years ago
    Casualidad? Parece que las personas que fueron tratadas con cariño en su infancia se convierten en adultos más pacíficos, más amables, más comprensivos, y también más sanos y más felices.
  • Ernesto Rodriguez Contrerashas quotedlast year
    Espíritus problemáticos que vagan alimentándose del último aliento de los moribundos, sobre todo de los infantes: su manjar preferido.
  • Ernesto Rodriguez Contrerashas quotedlast year
    Un enfermero que cruzaba el pasillo me hizo una seña para que parara. Debió pensar que era un borracho o un demente.
  • Ernesto Rodriguez Contrerashas quotedlast year
    Uno de los espectros atravesó con violencia al enfermero, continuando su huida, volando por el corredor. Vi al muchacho sufrir de repente unas náuseas incontrolables que lo obligaron a desaparecer por una de las puertas.
  • Ernesto Rodriguez Contrerashas quotedlast year
    La cuerda de gordo y oscuro necro-plasma se movía en el suelo como una boa. Aquello era brujería fuerte
  • Ernesto Rodriguez Contrerashas quotedlast year
    El gorila vestía bata de médico. Se la quité. La indumentaria y los amuletos que ocultaba me sorprendieron, despejando mis dudas. Era un acólito de la Regla del Palo del Monte. Casi un adolescente, blanco y rubio. El primero tan joven (más que yo) con que me topaba. Era difícil creer que aquel mocoso fuera un devoto del diabólico Lugombe, pero sus marcas y tatuajes delataban.
  • Ernesto Rodriguez Contrerashas quotedlast year
    En el cuarto de un hospital nadie se atreve a interrumpir los rezos de un brujo.
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