De regreso en Filadelfia, le hablé a Joe de las investigaciones llevadas a cabo en Whitehall y de las pruebas científicas que habían llegado a mi conocimiento. Al principio mostró interés, pero transcurrido un rato me dijo con cierta impaciencia: «Uno puede ponerse en plan muy profundo e intelectual con todo este asunto, pero, al final, de lo que se trata es de lo terrible que resulta hacer algo carente de propósito y sentir que no tienes más remedio que continuar. Al menos para mí se acabó convirtiendo en una cuestión de “¿y qué sentido tiene?”».