En estas épocas, a menudo estamos muy sensibles y somos muy vulnerables, además de estar psicológicamente receptivos al nuevo crecimiento. La mayoría de nosotros hemos pasado por esta situación durante la adolescencia, otra época de transición y grandes cambios. Durante estas épocas nos parecemos a una serpiente, el antiguo símbolo de transformación, que debe perder su antigua piel para crecer, y mientras desarrolla una nueva piel es vulnerable, irritable e incluso temporalmente ciega.