apartamento y yo tuvimos que presentarnos de nuevo, esta soy yo, soy yo sin André, ya, yo tampoco me reconozco, no sé cómo será, y tú también estás distinto, ya no tienes
música, los culantrillos no han resistido, tienen muchas manías, lo siento mucho, no se me dan bien, él nunca me explicó lo que necesitaban. Conversé con el apartamento, el sol del salón calentando la mitad de mi rostro, yo me llamo Ana, si haces el esfuerzo te acordarás de mí, querido hogar, yo solía reír mientras me duchaba, ¿te acuerdas? Me ponía más champú de la cuenta en la mano y apretaba el bote encima del excedente para que hiciera vacío y lo absorbiera, y a mí eso me parecía la bomba, siento mucho no estar sabiendo vivir en ti, pero mira, tú tampoco me estás ayudando, esa corriente que de pronto vuelca un vaso de encima del fregadero, el alboroto como metralla dentro de mi soledad, como si pudiera haber alguien en la cocina, no debes hacer esos simulacros, el ascensor vacío no puede pararse en esta planta como si fuera André llegando, tienes que dejar de abrir en mi mesilla de noche los libros que él subrayó, no puedes matar una por una las plantas que no saben vivir sin él, tenemos que aprender, ¿entiendes?