El señor que ustedes buscan —nos dice—, está en su casa. Les van a decir que no está, pero está.
—¿Y vos sabes por qué venimos?
—Sí, yo sé todo.
Bueno, Casandra.
Nos dicen que no está, pero está, y hay que ir venciendo las barreras protectoras, las cautelosas deidades que custodian a un enterrado vivo, esta pared, esta cara que niega y desconfía.