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Edith Wharton

    Daniela Ospinahas quotedlast year
    Quiero... quiero de algún modo irme contigo a un mundo donde palabras como esa... categorías como esa... no existan. Donde seamos simplemente dos seres humanos que se aman, que son la vida entera el uno para el otro; y donde nada más en la tierra importe.
    furtazahas quoted2 years ago
    Si el libro entra en la mente del lector tal y como salió de la mente del autor, sin ninguno de los añadidos ni las modificaciones que inevitablemente se producen con el contacto de un nuevo cuerpo de pensamiento, entonces ¿qué finalidad tiene su lectura?
    Florencia Záratehas quoted2 years ago
    Ahí viene la hermana de John. ¡Qué encanto de chica, y me cuida tanto! No tengo que dejar que me encuentre escribiendo.

    Es un ama de casa perfecta y entusiasta, y no espera mejor profesión. ¡De veras creo que piensa que lo que me enfermó es la escritura
    Nat Cabildohas quoted2 years ago
    Mrs.
    Manson Mingott
    Nat Cabildohas quoted2 years ago
    "¡Qué adorable!" -pensó Newland Archer, cuya mirada había vuelto a la joven de los lirios silvestres-. "No tiene idea de qué se trata todo esto". Y contempló su absorto rostro juvenil con un estremecimiento de posesión en que se mezclaba el orgullo de su propia iniciación masculina con un tierno respeto por la infinita pureza de la joven. "Leeremos Fausto juntos... a orillas de los lagos italianos...", pensó, confundiendo en una nebulosa el lugar de su planeada luna de miel con las obras maestras de la literatura que sería su privilegio varonil enseñar a su novia. Fue recién esa tarde que May Welland le dejó entender que a ella "le importaba" (la consagrada frase neoyorquina de aceptación que dice una joven soltera), y ya su imaginación, pasando por el anillo de compromiso, el beso en la fiesta y la marcha nupcial de Lohengrin, la ponía a su lado en algún escenario embrujado de la vieja Europa
    Nat Cabildohas quoted2 years ago
    Sus visitantes se sorprendían y a la vez se fascinaban con lo exótico de esta decoración, que les recordaba escenas de novelas francesas e inmorales incentivos arquitectónicos que los ingenuos norteamericanos jamás soñaron. Era la forma en que vivían las mujeres con sus amantes en las antiguas sociedades pervertidas, en departamentos con todas las habitaciones en un piso, y con todas las indecentes promiscuidades que se describían en sus novelas. Newland Archer (que en su interior situaba las escenas amorosas de Monsieur de Camors en el dormitorio de Mrs. Mingott) se divertía pensando cómo transcurría su intachable vida en aquel escenario de adulterio; pero se decía, con gran admiración, que si algún amante hubiera sido lo que ella aspiraba, la intrépida mujer no habría dudado en aceptarlo
    Nat Cabildohas quoted2 years ago
    Por qué no puede ser llamativa si quiere? ¿Por qué tiene que vivir ocultándose como si fuera ella la que se deshonró? Es la "pobre Ellen", de acuerdo, porque tuvo la mala suerte de hacer un mal matrimonio; pero no veo razón para que esconda la cabeza como si fuera la culpable
    Nat Cabildohas quoted2 years ago
    Dices que el secretario sólo la ayudó a escapar, querido muchacho? Bueno, entonces quiere decir que seguía ayudándola un año después, pues alguien se encontró con ellos cuando vivían juntos en Lausanne.
    Newland enrojeció.
    -¿Vivían juntos? Bueno, ¿y por qué no?
    ¿Quién más que ella tenía derecho a rehacer su vida? Estoy harto de la hipocresía que enterraría viva a una mujer de su edad si su marido prefiere vivir con rameras
    Nat Cabildohas quoted2 years ago
    Las mujeres deben ser libres, tan libres como lo somos nosotros declaró, descubriendo que estaba demasiado irritado para medir sus terribles consecuencias
    Nat Cabildohas quoted2 years ago
    El caso de la condesa Olenska removió viejas convicciones establecidas y las dejó navegando a la deriva entre sus pensamientos. Su propia exclamación: "las mujeres deben ser libres, tan libres como nosotros", tocaba la raíz de un problema que su propio mundo había decidido considerar inexistente. Una mujer "decente", aunque hubiera sido agraviada, jamás podría reclamar la clase de libertad de que él hablaba, y los hombres de corazón generoso como el suyo estarían caballerosamente dispuestos -en el calor de la discusión- a concedérsela. Tales generosidades verbales no eran de hecho más que un engañoso disfraz de las inexorables convenciones que ataban una cosa con otra y encerraban a todos dentro de los viejos moldes. Pero en este caso se veía comprometido a defender, por la prima de su novia, una conducta que, si se tratara de su propia esposa, lo obligaría a invocar contra ella todo el rigor de la Iglesia y del estado.
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