Y mientras volaban hacia el árbol, Mattie apretaba los brazos cada vez con más fuerza, como si su sangre estuviese en las venas de Ethan. El trineo se desvió un poco un par de veces. Ethan inclinó el cuerpo para mantenerlo en dirección al olmo, repitiéndose una y otra vez «Sé que lo conseguiremos»; y en su cabeza y en el aire bailaban las breves frases que ella había pronunciado. El gran árbol crecía, se aproximaba y, mientras avanzaban, Ethan pensó: «Está esperándonos; parece que lo sabe». Pero súbitamente se interpuso entre él y su objetivo el rostro de su mujer con las facciones monstruosamente crispadas, e hizo un movimiento instintivo para apartarlo. El trineo se desvió a consecuencia de ello, pero lo enderezó de nuevo y lo guió contra la oscura mole saliente. Hubo un último instante en que el aire pasaba como millones de alambres ardientes; y después, el olmo…