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Edith Wharton

  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    Ruth Varnum ha sido siempre más nerviosa que una rata. Y ahora que caigo, ella fue la primera que los vio cuando los encontraron. Ocurrió justo debajo de la casa del procurador Varnum, en la curva de la carretera de Corbury, y fue más o menos por la época en que Ruth se comprometió con Ned Hale. Los jóvenes eran amigos todos, y supongo que ahora no soporta hablar de ello. Ya ha tenido bastantes problemas en la vida ella también.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    Hacía ya un año que Mattie Silver vivía bajo su techo, y él tenía frecuentes ocasiones de verla desde primera hora de la mañana hasta que se sentaban a cenar; pero ningún momento en su compañía era comparable a aquellos en que volvían a la granja andando de noche y ella le cogía del brazo y corría a paso ligero para seguir el ritmo de las largas zancadas de él. Quedó prendado de la chica el primer día, cuando fue a buscarla a los Flats y ella le sonrió y le saludó con la mano desde el tren, y le gritó: «¡Tienes que ser Ethan!» cuando bajó de un salto con sus bártulos, mientras él inspeccionaba su figura menuda y pensaba: «No parece muy capaz para las tareas domésticas, pero desde luego no es un cardo». No era sólo que la llegada a la casa de un poco de juventud alentadora fuese como encender el fuego en un hogar frío, pues la chica era algo más que
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    Luego, también ella se sumió en el silencio. Tal vez fuese consecuencia inevitable de la vida en la granja, o quizá se debiera a que Ethan «nunca escuchaba», como solía decirle
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    Tengo complicaciones –dijo.
    Ethan conocía la excepcional importancia de aquella palabra. Por allí casi todo el mundo tenía «problemas» claramente localizados y definidos, pero sólo los elegidos tenían «complicaciones». Tenerlas era en sí mismo una distinción, aunque supusiera también una sentencia de muerte en la mayoría de los casos. La gente se debatía años y años con los «problemas», pero casi siempre sucumbía a las «complicaciones».
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    Ethan no pudo probar bocado en la comida. Si alzaba la vista, la posaba en la cara transida de Zeena, y le parecía que las comisuras de sus labios rectos le temblaban en una sonrisa. Zeena comió bien, dijo que con el tiempo templado se sentía mejor y obligó a repetir alubias a Jotham Powell, cuyos deseos solía pasar por alto.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    –Vamos –le dijo, casi alegremente, abrió la puerta y colocó la bolsa en el trineo. Luego saltó a su asiento y se inclinó para arroparla con la manta cuando ella se acomodó a su lado–. Vamos, adelante –dijo, con una sacudida de las riendas que puso al alazán a un trotecillo tranquilo colina abajo–. ¡Tenemos tiempo de sobra para un paseo agradable, Matt! –exclamó, buscando la mano de Mattie debajo la piel y apretándola. Le ardía la cara y se sentía mareado, como si hubiera parado en la taberna de Starkfield a echar un trago un día gélido.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    Y mientras volaban hacia el árbol, Mattie apretaba los brazos cada vez con más fuerza, como si su sangre estuviese en las venas de Ethan. El trineo se desvió un poco un par de veces. Ethan inclinó el cuerpo para mantenerlo en dirección al olmo, repitiéndose una y otra vez «Sé que lo conseguiremos»; y en su cabeza y en el aire bailaban las breves frases que ella había pronunciado. El gran árbol crecía, se aproximaba y, mientras avanzaban, Ethan pensó: «Está esperándonos; parece que lo sabe». Pero súbitamente se interpuso entre él y su objetivo el rostro de su mujer con las facciones monstruosamente crispadas, e hizo un movimiento instintivo para apartarlo. El trineo se desvió a consecuencia de ello, pero lo enderezó de nuevo y lo guió contra la oscura mole saliente. Hubo un último instante en que el aire pasaba como millones de alambres ardientes; y después, el olmo…
  • maria perezhas quoted2 years ago
    lo que era o no era "bien visto" jugaba un rol tan importante en la Nueva York de Newland Archer como los inescrutables y ancestrales seres terroríficos que habían dominado el destino de sus antepasados miles de años atrás.

    aveces las malas costumbres nos olvidamos en la actualidad y cuando los leemos y volvemos a saber de ellos nos parece algo curioso

  • maria perezhas quoted2 years ago
    ya que una ley inalterable e incuestionable del mundo de la música ordenaba que el texto alemán de las óperas francesas, cantadas por artistas suecas,
  • maria perezhas quoted2 years ago
    igual que todas las demás convenciones que moldeaban su vida, como tener que usar dos escobillas con mango de plata y su monograma esmaltado en azul para hacer la raya de su cabello, y la de jamás aparecer en sociedad sin una flor en el ojal (de preferencia una gardenia).
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