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Washington Irving

    melany aminhas quotedlast month
    Creen, por supuesto, en los más raros poderes; suelen caer a menudo en trance y tienen visiones; escuchan en el aire voces y músicas indescifrables...
    Miranda Locadelamacetahas quotedlast year
    Su cabeza era pequeña, plana vista desde arriba, provista de enormes orejas, grandes ojos vidriosos y verduscos y una nariz grande, prominente, por lo que parecía un gallo de metal de una veleta, que indica el lado del cual sopla el viento. Al verle caminar en un día tormentoso, flotando el traje alrededor de su cuerpo esmirriado, se le podía haber tomado por el genio del hombre que descendía sobre la tierra.
    Miranda Locadelamacetahas quotedlast year
    amaba a su hija más que a su pipa
    Dianela Villicaña Denahas quoted5 months ago
    Los niños de la aldea gritaban de alegría cada vez que lo veían acercarse. Asistía a sus juegos, les fabricaba juguetes, les enseñaba a encumbrar cometas y a jugar a las canicas, y les contaba largos cuentos de brujas, indios y fantasmas. Si paseaba por la aldea lo rodeaba una tropilla que se le colgaba de los faldones, se le montaba a la espalda y hacía con él infinidad de tonterías con total impunidad. Ningún perro le ladraba en todo el vecindario
    Dianela Villicaña Denahas quoted5 months ago
    En esa aldea y en una de esas casas (que para ser precisos se encontraba tristemente consumida por el tiempo y los golpes de los elementos), vivía hace mucho, cuando el país todavía era una provincia de Gran Bretaña, un hombre sencillo, de buen natural, llamado Rip van Winkle, descendiente de los Van Winkle que tanto se distinguieron en los caballerosos días de Peter Stuyvesant acompañándole incluso en el asedio al Fuerte Cristina. Rip había heredado, sin embargo, muy poco del carácter marcial de sus antepasados.
    He dicho que era un hombre sencillo, de buen natural. Era, además, un vecino amable y un marido obediente, domado
    Dianela Villicaña Denahas quoted5 months ago
    Siendo honesto, no creo que haya podido ser mejor de lo que es. Su mérito principal es la escrupulosa exactitud, la cual, si bien es cierto que en un comienzo fue un tanto discutida, finalmente se ha verificado por completo. A su obra se concede hoy indudable autoridad en todas las colecciones de historia
    Dianela Villicaña Denahas quoted5 months ago
    Un sermón hogareño puede equivaler a todos los sermones del mundo si se trata de enseñar las virtudes de la paciencia y la resignación
    Dianela Villicaña Denahas quoted5 months ago
    Los niños de la aldea gritaban de alegría cada vez que lo veían acercarse. Asistía a sus juegos, les fabricaba juguetes, les enseñaba a encumbrar cometas y a jugar a las canicas, y les contaba largos cuentos de brujas, indios y fantasmas. Si paseaba por la aldea lo rodeaba una tropilla que se le colgaba de los faldones, se le montaba a la espalda y hacía con él infinidad de tonterías con total impunidad. Ningún perro le ladraba en todo el vecindario.

    …les enseñaba a encumbrar cometas…

    Si paseaba por la aldea lo rodeaba una tropilla que se le colgaba de los faldones…

    Ningún perro le ladraba en todo el vecindario.
    La gran falla de la personalidad de Rip era una aversión insuperable a cualquier clase de trabajo provechoso
    Dianela Villicaña Denahas quoted5 months ago
    Nunca se negaba a ayudar a un vecino, incluso en las faenas más pesadas, y era uno de los que más se destacaba en las festividades y competencias campestres pelando el duro maíz indígena o construyendo vallados de piedra
    Dianela Villicaña Denahas quoted5 months ago
    Se encogía de hombros, sacudía la cabeza, alzaba los ojos al cielo y no decía nada, lo que provocaba una nueva andanada de su mujer. Reculaba, en consecuencia, ahorraba fuerzas y entre ansioso y gustoso salía a la calle, el único lugar que verdaderamente pertenece al varón domado
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