os educadores hemos declinado del poder de leer. No solo se desestima la lectura de los modos culturales más cercanos del adolescente: el cine, la música, el deporte, la historieta; cuyos contenidos y formas de acercamiento deberían estar presentes en los programas educativos y en las preocupaciones pedagógicas de los maestros. Sino que además la escuela secundaria descuida la lectura en su expresión más llana: la lectura informativa, que se comporta en las aulas como una mera gestión burocrática de acopio de datos sin sopesarlos ni discutirlo