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Denis Johnson

  • Rafael Ramoshas quoted8 months ago
    El hombre que colgaba del auto destrozado todavía estaba vivo cuando volví a pasar junto a él y me detuve, aceptando un poco más la idea de lo mal que estaba el tipo y de que yo ya no podía hacer nada por él. Roncaba fuerte y obscenamente. La sangre le salía burbujeando por la boca cada vez que respiraba. No iba a respirar muchas veces más. Yo lo sabía, pero él no, y así fue como pude vislumbrar algo dentro de esa gran lástima que acaba siendo la vida de cualquier persona sobre esta tierra. No me refiero al hecho de que todos acabemos muriendo, esa no es la gran lástima. Me refiero a que él ya no podía contarme lo que estaba soñando y yo ya no podía decirle lo que era real.
  • Rafael Ramoshas quoted8 months ago
    Por el pasillo venía su mujer. Era gloriosa, abrasadora. No sabía todavía que su marido estaba muerto. Nosotros sí lo sabíamos. Eso era lo que le daba a ella tal poder sobre nuestras personas. El doctor se la llevó a una habitación con escritorio al final del pasillo y, por debajo de la puerta cerrada, una tajada de luminosidad irradiaba hacia el exterior como si, gracias a un proceso maravilloso, allí dentro se estuvieran incinerando diamantes. ¡Qué par de pulmones! Chillaba como yo imaginaba que chillaría un águila. ¡Me sentí tan feliz de estar vivo para poder oírla! Yo, que había buscado esa sensación por todas partes.
  • Rafael Ramoshas quoted8 months ago
    Llovía. Helechos gigantes se inclinaban sobre nosotros. El bosque se deslizaba por una colina. Podía oír un arroyo correr entre las piedras. Y ustedes, ustedes, gente ridícula, ustedes esperaban que yo les ayudase.
  • Rafael Ramoshas quoted7 months ago
    Y con cada paso mi corazón se quebraba por esa persona a la que jamás encontraría, la persona que iba a amarme. Y entonces recordaba que en casa tenía a una esposa que me amaba, o que luego mi esposa se había ido y yo estaba aterrorizado, o que después yo tenía una hermosa novia alcohólica que me haría feliz para siempre.
  • Rafael Ramoshas quoted7 months ago
    Esa noche me senté en un reservado frente a Kid Williams, un ex boxeador. Sus manos negras estaban llenas de bultos y mutiladas. Siempre tuve la sensación de que en cualquier momento podría alargar esas manos y estrangularme hasta la muerte. Hablaba con dos voces distintas. Rondaba los cincuenta años. Había desperdiciado su vida por completo. El tipo de persona que nos resulta muy querida a los que apenas llevamos desperdiciando nuestra vida unos cuantos años. Sentado frente a Kid Williams te importaba menos seguir así durante uno o dos meses más.
  • Rafael Ramoshas quoted7 months ago
    Una noche nos peleamos y yo caminé por las calles hasta que los bares abrieron por la mañana. Entré en cualquier lugar viejo.
    Jack Hotel estaba a mi lado, en el espejo, bebiendo. Había otros que tenían exactamente el mismo aspecto que nosotros, y nos sentimos consolados.
    Qué no daría en ocasiones por volver a estar sentados en un bar a las nueve de la mañana contándonos mentiras, lejos de Dios.
  • Rafael Ramoshas quoted7 months ago
    Habíamos estado quedándonos en el Holiday Inn con mi novia, con toda honestidad la mujer más hermosa que jamás he conocido, metiéndonos heroína durante tres días bajo un nombre falso. Hicimos el amor en la cama, comimos filetes en el restaurante, nos inyectamos en el baño, vomitamos, nos acusamos el uno al otro, nos rogamos, nos perdonamos, nos hicimos promesas y nos llevamos el uno al otro a los cielos.
  • Rafael Ramoshas quoted7 months ago
    Vi cómo Wayne miraba más allá de la mesa de póquer, a la barra, para acusar de ser un estafador —no exagero— al hombre más enorme y más negro de Iowa; lo acusaba solo porque estaba un poco irritado por las cartas que le habían tocado. Esa era mi idea de sacrificio, deshacerse de uno mismo, desembarazarse del propio cuerpo. El hombre negro se levantó y rodeó el cuello de una botella de cerveza con sus dedos. Era más alto que cualquiera que hasta entonces hubiera entrado en ese bar.
  • Rafael Ramoshas quoted7 months ago
    Y entonces tuvo lugar uno de esos momentos. Recuerdo haber vivido uno cuando tenía dieciocho años y pasaba la tarde en la cama con mi primera esposa, antes de casarnos. Nuestros cuerpos desnudos comenzaron a resplandecer, y el aire se puso de un color tan raro que pensé que la vida me estaba abandonando, y con cada una de mis jóvenes fibras y células yo solo quería que se quedara junto a mí al menos un momento más.
  • Rafael Ramoshas quoted7 months ago
    Todos los mejores momentos sucedían cuando Wayne estaba cerca. Pero este anochecer, de algún modo, era el mejor de todos esos momentos. Teníamos dinero. Estábamos sucios y cansados. Por lo general nos sentíamos culpables y con miedo, porque había algo que no estaba bien en nosotros, y no sabíamos lo que era; pero hoy nos sentíamos como hombres que habían estado trabajando.
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