A la biodiversidad territorial y la vulnerabilidad a los fenómenos naturales se suma una tradición de organización demográfica en el territorio que se aparta de la experiencia latinoamericana. Como se puede leer en Viviescas (1989), Zambrano (2013), Morcillo Dosman (2007) y Sánchez Steiner (2008), la organización demográfica en el territorio nacional se determinó por procesos fundacionales de ciudades, posteriormente influidos por migraciones causadas por los cambios en los modelos económicos del Estado y los conflictos internos, resultando un país con fuertes episodios de desplazamiento que acentuaron el crecimiento de la urbanización en múltiples concentraciones urbanas, sin que se configurara un prototipo de único centro de impulsión económica, política y cultural.