Bernardo Esquinca

Demonia

    Juan Colinhas quotedlast month
    A Teresa le había costado trabajo convencerlas de que participaran: estaban más interesadas en escaparse con algún chico al bosque que en perder el tiempo memorizando las líneas que la propia Teresa había preparado. Extrañamente, Teresa no estaba interesada en los hombres de su salón de clase. No al menos en la forma en que las otras chicas y Alma lo estaban. Para ella eran público potencial. Su mundo era la actuación, había participado en todo
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    Estaba buscando un libro llamado Montañas de locura. Usos y costumbres del Manicomio General La Castañeda, un ensayo histórico que abarcaba desde sus primeros años durante el Porfiriato hasta su cierre en 1968, y en el que me apoyaría para escribir un relato.
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    le queda una parte por contar, una que no puedo omitir. Ésa es la auténtica maldición de todo escritor: no descansa hasta que la historia termina de ser contada
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    Ahora que he terminado de contar todo esto, y antes de proceder a reportar la desaparición de Ligia, debo ser honesto y anotar aquí la duda que me asalta: ¿en verdad ella partió a Samaná en busca de su destino o simple-mente decidió abandonarme aparentando ese pretexto, como una siniestra manera de vengarse de mi incredulidad en las supercherías de sus ancestros? Supongo que nunca lo sabré. Pero si he de responderme a mí mismo diré que, sea cual sea la verdad –con brujos o sin ellos– lo que motivó a Ligia fue el deseo de alejarse de mí. Y eso es difícil de aceptar, sobre todo ante los demás, así que sostendré la versión más conveniente: la desaparición. Sin embargo, aún no puedo cerrar mi libreta. A esta historia
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    pero pensé que aquel viaje podría ayudar a distraernos y olvidar por completo los episodios de la sombra. Eché mano de los ahorros y los dos partimos a República Dominicana con unas profundas ojeras que esperábamos evaporar bajo la brisa del Caribe. Sin embargo, desde el momento que aterrizamos y nos metimos en el taxi, me di cuenta de que eso no iba a suceder
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    Ligia y yo éramos ya un par de sonámbulos, dos espectros que rondaban su propia casa; procurábamos pasar el menor tiempo posible en la habitación, y si se presentaba el insomnio yo me levantaba a escribir y ella aprovechaba para adelantar sus propios pendientes, cuando llegó la invitación a la Feria de Santo Domingo. Era por una semana, y sólo para mí
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    Dejó de mencionar a la sombra; no supe si la seguía viendo, y la verdad prefería no saberlo. Lo cierto era que ambos continuábamos intranquilos, había un ambiente tenso en nuestra habitación antes de apagar la luz, y el insomnio nos asaltaba por turnos. Ahora que lo reflexiono a la distancia, no me explico cómo pudimos vivir así durante los pasados once meses, en un permanente estado de angustia y paranoia. Quizá, como dicen, uno se acostumbra a todo, o tal vez lo que llamamos “mala vida” provoca adicción. También creo que el miedo es un estado alterado que el cerebro llega a necesitar, como una droga. Por eso los escritores de terror que tanto admiro siempre tienen lectores.
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    por adelantado a la mujer para evitar que se sintiera comprometida a decirnos algo. Tras encender velas por toda la casa y recorrer las habitaciones, la médium se detuvo en la sala, cerró los ojos, juntó las palmas de las manos frente a su rostro y meditó durante largos minutos. Su conclusión fue que ahí habitaba el espíritu de una adolescente que se había suicidado por desamor. Después, la mujer nos preguntó si queríamos entrar en contacto con ella, pero Ligia le dijo que no, le dio las gracias y la despachó. Le reclamé que hubiera desaprovechado la oportunidad:

    –Muy mal. Nos cobró carísimo.

    Ligia me lanzó una mirada en la que se mezclaban miedo y enojo.

    –Estaba mintiendo.

    –¿Cómo sabes?

    –Porque la otra noche pude ver el rostro de la sombra. Y es un hombre. Un negro.

    Ligia comenzó a asistir a terapia y a tomar medicamentos fuertes. Dejó de mencionar a la sombra; no
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    comprometida a decirnos algo. Tras encender velas por toda la casa y recorrer las habitaciones
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    Ligia y yo llegamos a un acuerdo: ella iría a terapia y yo aceptaría que trajera a una médium a la casa. Quise estar presente en la sesión espírita, y le pagué
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    paralela, esperando a que el escritor meta la mano en la oscuridad y saque de ella algún conejo muerto. Lo cierto es que escribir historias y libros me ha llevado a algunas partes del mundo, incluida República Dominicana. No creo en la trillada idea de que los viajes y los lugares remotos y exóticos inspiran y proporcionan material a los autores –eso se debe, sobre todo, al esnobismo exacerbado y propio del gremio; generalmente las mejores historias están a la vuelta de la esquina, a veces basta con abrir un periódico, y si es de nota roja, mejor–, pero en este caso, si bien esta historia se originó en México –en Tampico, para ser más exactos–, en realidad encontró su destino inevitable en la isla caribeña
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    Todos los días lo pensé, aunque no tenía alguna idea concreta que me permitiera arrancar, así que me limité a mirar el mueble por el rabillo del ojo mientras leía o intentaba seguir un programa en la televisión. Ahora ese deseo se está cumpliendo, y me pregunto si la voluntad de escribir un cuento, una historia, no echará a andar mecanismos siniestros e insospechados a nuestro alrededor. Nunca he entendido bien de dónde nace un relato, si es que nace o si en realidad está en alguna dimensión
    XRicardo CartasXhas quoted2 months ago
    X se equivocó; los bichos son, en verdad, cosa del infierno: sentí un espasmo en el estómago, me puse la mano sobre la boca y eructé. Cuando la retiré, una mosca salió volando.
    Daniel Cruz Estradahas quoted3 months ago
    Desconcertado, le arrebaté el volumen al indigente y me marché a casa. Busqué las líneas que había repetido y no pude encontrarlas. Por un momento sentí que yo también enloquecía. Tras varios minutos de lectura di con ellas. Pertenecían a un capítulo que reproducía el diario de una enfermera. Se llamaba Leonarda Servín y había trabajado en el manicomio en los años cuarenta. Hice unos subrayados y después guardé el libro en mi estudio, en un lugar poco visible. No sabía qué pensar de todo aquello y no quería darle más vueltas. Fui al cuarto y miré la televisión hasta que me dio sueño. Instintivamente, busqué con el brazo el cuerpo de Ligia y me topé con su almohada. La imaginé en el hospital, acostada en el sillón contiguo a la cama de su madre, atenta a las siluetas que se formaban en el techo de la habitación, tan incapaz de dormir como de entender lo que le sucedía.

    Esa noche tuve una pesadilla. En el sueño, estaba acostado en la cama, a punto de dormirme mientras buscaba el cuerpo de Ligia con el brazo, cuando en el marco de la puerta apareció un mulato. Era tan alto como la puerta misma, y el amarillo de sus ojos y sus dientes destacaba en la penumbra con un brillo siniestro que hacía pensar en oro maldito. No me atreví a moverme ni decir nada. Estoy soñando, pensé –es lo que uno siempre piensa cuando ocurre algo malo–, es una pesadilla y sólo tengo que despertar. El mulato tampoco hablaba, sólo me observaba con sus ojos turbios desde el umbral de la puerta. ¿Por qué no entra?,
    Daniel Cruz Estradahas quoted3 months ago
    Dios y el Demonio eran lo mismo. Se equivocó al pensar que tenía dos caminos. Sólo existía uno.
    Alicia M. Mareshas quoted3 months ago
    poder de la oscuridad como el germen de los temores atávicos. La noche cerrada que nos iguala a todos, hombres prehistóricos y modernos, porque los miedos que produce son los mismos.
    Alicia M. Mareshas quoted3 months ago
    verdad creo en los traumas como motores de historias genuinas. Los mejores escritores no hacen más que contar sus traumas como si fueran los de otros. Son artistas del contagio.
    Alicia M. Mareshas quoted3 months ago
    Deseó abrazarse a ese cuerpo una vez más y comerlo como una hostia. Dio otro trago al tequila. El fuego crepitaba en la chimenea sin alcanzar a hacer nada por sus huesos.
    Alicia M. Mareshas quoted3 months ago
    Pensó en lo que le había dicho años atrás un maestro de la facultad: “A eso nos dedicamos los psiquiatras: a apagar fuegos. Pero también los reactivamos”.
    Alicia M. Mareshas quoted3 months ago
    Llegué a la conclusión de que en la Ciudad de México no se debía ser arquitecto, sino arqueólogo. Aquí no hay que construir más, sino desenterrar todo lo que está escondido.
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