Cuando desmejora la apariencia del calzado de piel y baqueta, lo llevamos al zapatero para que le devuelva la novedad triste de una cara intervenida por el cirujano plástico. Los tenis son piezas únicas: no tienen remedio, sus méritos están relacionados con las cicatrices que les dejaron nuestros malos pasos. Mi primer par de Converse tuvo una muerte súbita. Un día volví de la preparatoria y mi madre ya los había tirado.
No creo que sea casualidad que, en México, para referirnos a la muerte de alguien digamos que «colgó los tenis», que «salió con los tenis por delante». Somos solo nosotros mismos, estamos en proceso de descomposición, jodidos. Usamos tenis. Vamos y venimos del mal al bien, de la felicidad a las responsabilidades, de los celos al sexo. El alma de un lado al otro de la cancha. Este es el saque