Federico Navarrete

Chilango y tenochca

    Brenhas quoted6 months ago
    Por fin llegaron a una especie de cueva al lado de la calzada, cuya puerta oscura se abría en la parte baja de una montaña inmensa, llena de agujeros cubiertos por aire sólido, como los de su nueva Casa de los Jóvenes. Al levantar la vista, Xomácatl se dio cuenta de que la calzada estaba flanqueada por esas montañas hechas por los humanos, las cuales parecían más altas que los templos de Huitzilopochtli y Tláloc en la plaza principal de México-Tenochtitlan. Escandalizado, su tonalli se preguntó si los habitantes de esa ciudad tenían tantos dioses o si estaban tan locos que erigían montañas como aquéllas sólo para ellos mismos y no para alimentar y honrar a sus guardianes y protectores.
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    —¡Me encanta el metal pesado! —exclamó, sin sorprenderse ya de que su nuevo corazón supiera el nombre de esa música maravillosa.

    Sentía ganas de bailar, como hacían los jóvenes en esos festivales, pero temió que el cuerpo debilucho y torpe de Roberto no supiera seguir el compás acelerado de la música.

    —Sabía que te gustaría este lugar —respondió Luis con una gran sonrisa.

    También le encantó que en ese sitio oscuro las personas llevaran el cabello largo y se pintaran la cara y los brazos con dibujos de colores, como en México-Tenochtitlan. El más admirable de todos le p
    Brenhas quoted6 months ago
    En el interior de la cueva retumbaba una música ruidosa que lo fascinó: gritos temibles acompañados por el golpeteo de tambores y alaridos de algún instrumento desconocido que le erizaba la piel. El ritmo era aún mejor que el de los tambores de las fiestas del Templo Mayor.
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    Un poco impaciente, pero también divertido, Luis lo ayudó con unos golpes en la espalda mientras le preguntaba, burlón
    Brenhas quoted6 months ago
    Por fin salieron del gusano y, luego de recorrer más pasillos estrechos y asfixiantes, llegaron a una escalera que los condujo al exterior. Xomácatl no podía creer su suerte
    Brenhas quoted6 months ago
    su mano acariciaba el nuevo talismán, esperando que su poder lo ayudara a salir de ese lugar espantoso, mientras su tonalli contaba una a una las cinco veces que el monstruo vomitó y tragó a incontables desgraciados.
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    Él sintió que, pese a ser ciego, no sólo alcanzaba a ver el rostro de Roberto, con los extraños anteojos, sino también su tonalli de Xomácatl. Sin duda se trataba del mismísimo señor del reino de los muertos, que vigilaba sus dominios.
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    El tintineo de las monedas sonó con una fuerza sorprendente en el vagón y el anciano dejó de soplar su caracol desafinado y de cantar su sufrida melodía. Volteó hacia él sus ojos grises y apagados mientras sonreía, mostrando unos dientes muy amarillos.
    Brenhas quoted6 months ago
    Después, sin que él pudiera resistirse, Luis lo empujó y ambos fueron devorados por el bicho desconocido. Entonces sí, Xomácatl se sintió perdido por completo, pues ese animal que olía a hule quemado y metal caliente no
    Brenhas quoted7 months ago
    —¿Olvidaste algo, Beto? —preguntó su amigo Luis, quien se había acercado a él y lo observaba con curiosidad.
    Brenhas quoted7 months ago
    al que a veces acompañaba a su mamá.
    Brenhas quoted7 months ago
    cuyos dueños gritaban sin parar, con mucho mayor estruendo que en el mercado de Tlatelolco,
    Brenhas quoted7 months ago
    había puestos por doquier llenos de cosas brillantes y ruidosas,
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    Además del ruido de esos grandes animales,
    Brenhas quoted7 months ago
    nas con sus fauces abiertas
    Brenhas quoted7 months ago
    llena de inmensas bestias con piel de metal que rugían con furia y devoraban a las perso
    Brenhas quoted7 months ago
    salieron a una calzada ancha y ruidosa,
    Brenhas quoted7 months ago
    e modo que su pecho se llenó de terror y mejor dejó que sus piernas siguieran a los demás
    Brenhas quoted7 months ago
    en ese lugar estaban Nabor y Sigmundo, que se veían furiosos y amenazadores,
    Brenhas quoted7 months ago
    en dirección a una puerta azul.
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