A.J. Pearce

Querida señora Bird

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    Han sido tus cartas, Em. Me salvaron cada día. Leía todas las que me enviabas. Incluso cuando no sabía qué contestarte, tú nunca te rendiste. Y por mucho que se torcieran las cosas, por mucho que me desesperara, siempre sabía que llegaría una carta tuya. Siempre confiaste en mí. Así que al final supe que tenía que hacer lo mismo
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    Me rendiría —dije rápidamente—. Caramba, si yo hubiera estado en tu lugar, me habría subido por las paredes. Además, mira la que he armado aquí. He sido una maldita inútil de narices
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    Pues la idea de perderte a ti también. Ya tenía bastante con la muerte de Bill
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    Em —susurró—, «todos» los que estaban en esa sección murieron. Todos. —Tragó saliva con fuerza—. Al principio te culpé a ti, Em, pero no fue culpa tuya. Estaba furiosa por haberlo perdido. Creo que lo único que quería era hacerle daño a alguien. Yo soy quien debería pedir disculpas. Y, de hecho, ¿sabes que fue lo peor de todo
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    Sé que eso fue una estupidez —dijo—. Tenía que haberte escrito a ti. Pero no me vi capaz. Después de tantas semanas sin responderte… —Después se puso terriblemente triste—. Lo siento mucho, Em. Tenía que haber hablado contigo. Me he portado fatal
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    Nos peleamos por nada. No era asunto mío y tenía que haberme quedado al margen. —Sentí que mi voz se quebraba—. No debí llegar tarde al… —Me costaba nombrar aquel lugar—. Al Café de París. Ha sido todo culpa mía. Lo siento mucho, Bunty. De verdad.
    Ella me cogió de la mano y la estrechó con fuerza.
    —No, Em. No ha sido culpa tuya. No ha sido culpa de nadie. —Se mordió el labio, concentrándose en sus palabras—. Lo digo en serio. Bill me contó lo de las peleas. Me dijo que habías intentado arreglar las cosas, pero que él no te dejó
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    Jovencita, tiene usted mucha chiripa. Muchísima chiripa. Ahora, márchense y déjenme tranquilo. —Hizo una pausa, y estoy segura de que le vi reprimir una sonrisa—. Y, por el amor de Dios, que Henrietta no se entere de que he dicho «chiripa»
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    Señorita Lake, no voy a tomarme esto a la ligera. La señora Bird tiene toda la razón. Su comportamiento ha sido intolerable. No ha sido un desastre total, en vista de la cantidad de cartas recibidas, pero la cuestión no es esa. No puede ir por libre, fijando sus propias reglas.
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    Por un espantoso momento pensé que el señor Collins iba a ponerse a reír, pero logró transformar su risa en una tos. Lord Overton no habría sido más incendiario ni prendiéndole fuego al abrigo de la señora Bird
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    antes de que diga nada, entiendo exactamente cómo se siente y no la culpo. Todo este asunto es deshonroso. Pero no voy a dejar que mi organización se convierta en el hazmerreír de todos.
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    Lord Overton, señor, he pensado que quizá querría ver alguna de las cartas —dijo Bunty—. Por eso he pedido a Clarence que las suba todas.
    No tenía ni idea de cómo Bunty se había en
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    Bueno, señor, le hablé de la carta de la señorita Tavistock a un amigo periodista de la Asociación de la Prensa —dijo el señor Collins—. Les pareció un enfoque bastante curioso sobre las jóvenes en la retaguardia y la difundieron: sinceridad, valentía y todo eso. Le han dado bastante cobertura. De hecho, nos ha venido muy bien
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    ¿Cómo es posible que lo haya visto tanta gente? —dijo lord Overton—. La Amiga de la Mujer tiene una tirada de hormiga. Sí sí, sé que las suscripciones han crecido, pero ¿tanto
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    Lord Overton tenía la expresión de alguien que se pasea por una exposición de arte moderno y no se molesta en fingir que nada de aquello tiene sentido. Entornó los ojos y miró con recelo. La señora Bird se había quedado sin palabras, pero estaba roja como un tomate y no paraba quieta
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    Clarence acaba de traer esto. Está lleno de cartas, señor. Dirigidas a La Amiga de la Mujer. A las lectoras les ha gustado lo que Emmy ha escrito. Al parecer, también les ha gustado mi carta
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    Lord Overton, siento mucho interrumpirlo. Me llamo Marigold Tavistock, y yo escribí la carta que se publicó en la revista de la semana pasada. La carta a la que Emmeline contestó. Y este es Clarence, a quien he conocido abajo
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    ella.
    De pronto, me entró miedo. Tendría que dar bastantes explicaciones. No podría ir corriendo a decirle lo mucho que lo sentía y ya está. ¿Y si había venido por alguna razón que yo desconocía y no para verme a mí? ¿Y si aún me odiaba?
    —Hola, Em —dijo Bunty, con la sonrisa más valiente del mundo iluminándole el enjuto rostro.
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    No tenía la más leve idea de qué hacía aquí, pero no importaba. No importaba que estuviera al borde del despido y que todo lo demás fuera un desastre. Bunty estaba mejor, o al menos camino de estarlo, y había venido, y yo tendría la oportunidad de hablar con ella
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    Los ingresos de publicidad han subido un noventa por ciento —continuó
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    Verá, resulta que La Amiga de la Mujer parece estar recobrando su vigor.
    Lord Overton dijo «Mmm» y «Prosiga».
    —Según el señor Newton, nuestro contable, las suscripciones han aumentado significativamente durante los dos últimos meses, y las lectoras han dado el visto bueno a los artículos en los que la señorita Lake ha participado directamente. Varias novedades que yo he introducido han sido idea suya, y ha hecho que la cosa mejore también en la sección de ficción. No voy a aburrirle con todo esto —añadió, apurado al ver que lord Overton alzaba la mano para mandarle callar—. Pero además
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