Cuando el niño está enrabietado y fuera de control en su pataleta, intentar que nos escuche es sencillamente una misión imposible. No tendrá ningún efecto, no puede escuchar y mucho menos comprender. Como hemos visto antes, de hecho, es un intento de solución fracasado que todavía agrava más la situación. Callar y observar sin intervenir, tal y como acabamos de explicar, es una alternativa muy eficaz.