es
Daniel Sada

El lenguaje del juego

Notify me when the book’s added
To read this book, upload an EPUB or FB2 file to Bookmate. How do I upload a book?
    David Olivareshas quotedlast year
    Allí el reposo cual un fundamento.

    Allí la marihuana cual chulada.

    Allí el fuego amigable y el comienzo.

    Para acá el cigarrito. El jalón ominoso que entreabre lo intrínseco del tiempo. Aguante: el más posible para saber acumular lo ambiguo: aquello que se afila para luego engrosarse; aquello que se expulsa: humillo y desazón. Para allá lo que sobra: la opaca conjetura. Entonces para acá lo que enerva y restalla: resumiendo, apretando la sensación más turbia, en tanto continúe corriendo un poco más allá: la vertiente de agua insobornable; que moja, ablanda, cuaja, que al parecer disuelve y reformula. Jalón: otro, más largo, con el que se produce confusión y por ende hasta allí: ya lo experimentado caracolea despacio, ya pasa como rastra, ya quiere detenerse más allá...
    David Olivareshas quotedlast year
    Una roca boluda. La compañía era un árbol parecido a un mezquite: tristeza de ramajes y de hojas. Un arroyo huidizo más allá. Tarde tersa: cargada de colores. Trazos fallidos. Casi. Lánguidos artificios.
    David Olivareshas quotedlast year
    . De hecho: lo diario acá, la soledad cansina. Horas y horas de no saber qué hacer con tanto ocio encima y se repetía eso de la plática acerca de sí misma elaborando hartos resúmenes baldíos, tocantes casi siempre a una felicidad que no llegaba
    David Olivareshas quotedlast year
    También para comer algo de algo
    David Olivareshas quotedlast year
    De cualquier forma apenas eran brotes de lo que había empezado a suceder: la ufana delincuencia incontrolable, pero para un emprendedor qué esquivación. Descarte, por lo pronto, habida cuenta de que por lo común la criminalidad es un salpique cuya incidencia ocurre como ocurren las lluvias torrenciales. Un realismo eventual. Un día sí y quince no. Un decurso maldito no puede durar tanto
    David Olivareshas quotedlast year
    Por lo que al aire libre quedaba la potencia de la música, un ir aturdidor, ciertamente monótono, pues daba la impresión de que se destrenzaban los acordes en ondas diluidas. Estrías en vencimiento. Desdibujos, quizá, que apenas tenían forma. Prontitudes fugaces, perdedizas.
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Regresó a la casa de su patrón. De allí se iría a Mazapán a continuar su vida. Su treta era imposible, aunque de nada le servía el arrepentimiento. Candelario vislumbró fugazmente la imagen de sus padres, se atrevió a trazar una cruz en el aire como si los bendijera para siempre.
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    En un momento dado pensó mejor en él. En su futuro en Mazapán. Su suerte estaba allá, su poder. Ahora qué le importaba que sus padres sobrevivieran. La vida era tajante. A cada quien su arbitrio
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Luego: a saber si sus padres querrían salir de San Gregorio.
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    ificilísimo, lo de interceptar al camión repartidor. Tenía que matar al chofer, y, de ser así, ¿dónde meter el cadáver
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    ero... ¿a poco saldría vivo Candelario de San Gregorio así como así?
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    desilusión, no pasaban más que carros, tráilers, camiones foráneos.
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Su plan dio empiezo cuando se apostó a la vera del pavimento: tenía que esperar a que pasara un camión repartidor de frituras. Ir por sus padres en un vehículo así, pero estuvo durante horas en espera y...
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Candelario llegó a la salida carreteril a Guadanajira, ubicada en la orilla sur de Zacalucas.
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Consumo de horas inútiles, además de que se necesitaba una buena cantidad de gente para... Pues ¡ni modo! Ésa era la orden y punto
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    el primer capricho de él consistió en que debía contarse todo ese batiburrillo billete por billete para después apuntar las cifras en un cuaderno o algo parecido.
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Contaba cincuenta años de edad, como don Ernesto
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Cargo mayúsculo repentino: aprovechar esa suerte, esa oportunidad, dado que nunca Clemente había sido jefe de nada
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Eran seis jefes y doce subjefes: puf: cuánta delegación: un total de dieciocho sujetos que le dieron la bienvenida a su llegada en el avión clandestino,
    Liah Annhhas quoted2 years ago
    Toda vez que fue nombrado jefe máximo de las empresas de Ernesto de la Sota en tal lugar, decidió asumir una postura ostentosa. De inmediato llamó a junta a los jefes menores para que cada uno lo pusiera al tanto de las finanzas correspondientes a lo que era de su competencia.
fb2epub
Drag & drop your files (not more than 5 at once)