Entre todas las imágenes le obsesiona la gente que pasea a sus perros con el hocico aprisionado en un bozal. A P le extraña su asombro por cuanto aquellos bozales salvaron su vida en varias ocasiones, en cambio, en Chile uno se expone constantemente a ser mordido. La viajera se pregunta qué pasaría si los dueños amaestrasen a sus perros o, en vez de policiales, criaran una raza más dócil. ¿Es mejor domesticar la pulsión violenta o poner un bozal?