Honoré de Balzac

Eugenia Grandet

    Alejandra Beltránhas quotedlast year
    En cualquier situación, las mujeres tienen más motivos de sufrimiento que los hombres y padecen más que ellos.
    Luis Torreshas quotedlast month
    No, no; no se trata de dinero, sino de su hija Eugenia. Todo el mundo habla de ella y de usted.

    ––¿Por qué se meten en lo que no les importa? En casa soy dueño de hacer lo que me dé la gana.

    ––No lo discuto; puede usted matarse o, lo que es peor, tirar el dinero por la ventana.

    ––¿A qué viene esto?

    ––¡Ah, amigo, usted no se da cuenta de las cosas! Su mujer está en peligro de muerte. Creo que debería usted consultar al señor Bergerin. Si muriese sin haber tenido los cuidados que merece, me figuro que no estaría usted tranquilo.

    ––¡Ta, ta, ta! Usted sabe lo que tiene mi mujer. Los médicos, en cuanto ponen un pie en mi casa, no se contentan con menos de cinco o seis visitas por día.

    ––En fin, Grandet, usted hará lo que quiera. Somos viejos amigos; no hay en todo Saumur hombre que se tome más interés en sus cosas; me he creído en la obligación de decirle lo que le he dicho. Pero ahora no tengo más que añadir; es usted mayor de edad y sabrá lo que le conviene. No es éste el asunto que me trae. Se trata de algo más grave para usted, me figuro. Al fin y al cabo, usted no tiene ganas de matar a su mujer, que con sólo vivir le presta un gran servicio. Piense usted en la situación en que va a quedar respecto a su hija cuando ella falte. Tendrá que rendir cuentas a Eugenia, puesto que se casó usted con su mujer bajo el régimen de comunidad de bienes. Su hija tendrá derecho a reclamar la división de la herencia, de exigir la venta de Froidfond. Es la heredera de su madre a quien usted no puede suceder.

    Tales palabras cayeron como un rayo sobre el viejo tonelero que no estaba tan ducho en leyes como en comercio. Jamás le había pasado por la cabeza la idea de una venta forzosa de sus bienes.

    ––Por eso le recomiendo a usted que la trate con dulzura ––dijo Cruchot para terminar.

    ––Pero, ¿sabe usted lo que ha hecho?

    ––¿Qué? ––preguntó el notario, curioso por conocer la causa del disgusto.

    ––Ha dado el oro que yo le había regalado.

    ––¡.Acaso no era suyo? ––dijo el notario.

    ––¡Todos me dicen lo mismo! ––exclamó el tonelero dejando caer los brazos con trágico desaliento.

    ––¡Por una miseria no va usted a dificultar las concesiones que tendrá que pedir a Eugenia en cuanto fallezca su madre!

    ––¿Llama usted miseria a seis mil francos de oro?
    Luis Torreshas quotedlast month
    Eugenia, estás en mi casa, en casa de tu padre. Para seguir en ella debes someterte a sus órdenes. Los curas te mandan que me obedezcas. Eugenia bajó la cabeza.

    ––Me ofendes en lo que más quiero ––prosiguió––. Sólo te quiero ver sumisa… Ve a tu cuarto. Estarás encerrada hasta que te dé permiso para salir. Nanón te llevará pan y agua. ¿Has oído? Pues, andando.
    Luis Torreshas quotedlast month
    “Por él, ––se repetía––, soy capaz de sufrir mil muertes.”
    Luis Torreshas quotedlast month
    En cualquier situación, las mujeres tienen más motivos de sufrimiento que los hombres y padecen más que ellos. El hombre cuenta con la fuerza y con el ejercicio de su pujanza: actúa, piensa, abarca el porvenir del que obtiene consuelos. Es lo que hacía Carlos. Pero la mujer se queda quieta, cara a cara con su

    dolor; nada la distrae; desciende hasta el fondo del abismo, lo mide y a menudo lo colma con sus anhelos y sus lágrimas. Es lo que hacía Eugenia. De este modo se iniciaba en su destino. Sentir, amar, sufrir, sacrificarse, éste será siempre el texto de la vida femenina. Y Eugenia debía ser mujer en todo, excepto en su aptitud para consolarse.
    Luis Torreshas quotedlast month
    Para él, Eugenia no tardó en convertirse en la ideal Margarita de Gothe, pero sin haber cometido la falta.
    Luis Torreshas quoted2 months ago
    Al advertir la fría desnudez de la casa paterna, la pobre muchacha se desesperaba de no poderla poner en consonancia con la distinción de su primo.
    Luis Torreshas quoted2 months ago
    Grassins, amigo mío, he invitado a comer a ese joven. Tendrás que ir a invitar a los señores de Laesonnière, a los Hautoy, con su linda hija, naturalmente. Y Dios quiera que ese día le dé por vestirse con gracia. Su madre, por celos, la lleva hecha un adefesio. Espero, señores, que ustedes nos harán el honor de venir ––agregó parando la comitiva y volviéndose hacia los dos Crouchot.
    Luis Torreshas quoted2 months ago
    Caballero, si quiere usted hacernos el honor de venir a vernos, tanto a mi marido como yo nos sentiremos halagadísimos. Nuestro salón es el único de Saumur en que hallará usted reunidas a la burguesía acomodada y a la nobleza: pertenecemos a las dos sociedades que no quieren encontrarse más que en casa, porque allí se divierten. Mi marido, se lo digo a usted con orgullo, está tan bien considerado por unos como por otros. Le ayudaremos a soportar el aburrimiento de este destierro. ¡Si se quedase usted en casa del señor Grandet, la haría usted buena! Su tío de usted es un tacaño que sólo piensa en sus majuelos; su tía es una beata incapaz de barajar dos ideas y su primita una niña tonta, sin educación y sin dote, que se pasa la vida remendando trapos de cocina.

    “Esta mujer está la mar de bien”, díjose Carlos Grandet, correspondiendo a las monerías de la señora de Grassins,,

    ––Me parece, esposa mía, que tú quieres acaparar al señor ––dijo riendo el banquero grande y gordo.
    Luis Torreshas quoted2 months ago
    Se le habían ocurrido más ideas en un cuarto de hora que desde el día que vino al mundo.
    Luis Torreshas quoted2 months ago
    Para una muchacha del campo que en su juventud no había recogido más que insultos y desprecios, para una infeliz aceptada por caridad, la risa equívoca del tío Grandet era un verdadero rayó de sol. Por otra parte, el corazón sencillo y la cabeza angosta de Nanón sólo pondrían contener un sentimiento y una idea. Había cumplido treinta y cinco años y aún se veía llegando al obrador del señor Grandet, descalza, harapienta y seguía oyendo al tonelero que le decía: “¿Qué se te ofrece, chiquilla?”
    Luis Torreshas quoted2 months ago
    La sala es a un tiempo, salón, gabinete, tocador, comedor; es el escenario de la vida doméstica, el hogar común; era allí donde, dos veces al año, iba el peluquero del barrio a cortarle el pelo al señor Grandet; allí donde eran recibidos los colonos, el cura, el subprefecto, el mozo del molino.
    Lucero De La Fuentehas quoted9 months ago
    era el hombre que está impaciente por sacar partido de la infamia para poder presentarse como hombre honrado el resto de sus días.
    Lucero De La Fuentehas quoted9 months ago
    La vista del oro, la posesión del oro se había convertido en su monomanía.
    Lucero De La Fuentehas quoted9 months ago
    Por la primera vez en veinticuatro años, Grandet comió solo.
    Lucero De La Fuentehas quoted9 months ago
    Dos meses pasaron de este modo. Aquella vida doméstica, antes monótona, ahora se animaba gracias al inmenso interés del secreto que aumentaba la intimidad de aquellas tres mujeres. Para ellas, Carlos seguía viviendo, iba y venía aún, bajo el techo gris de la sala.
    Lucero De La Fuentehas quoted9 months ago
    ––¡Virgen santa! ¡Señorita, no ponga usted estos ojos que serán la perdición de su alma! No mire usted el mundo de ese modo.
    Lucero De La Fuentehas quoted9 months ago
    La miseria engendra la igualdad.
    Lucero De La Fuentehas quoted9 months ago
    ¿Dónde está el hombre que carece de deseos y dónde el deseo social que puede resolverse sin dinero?
    Lucero De La Fuentehas quoted9 months ago
    Todo poder humano es un compuesto de paciencia y de tiempo. Las personas poderosas quieren y velan. La vida del avaro es un constante ejercicio de la potencia humana puesta al servicio de la personalidad. Se apoya únicamente en dos sentimientos, el amor propio y el interés; pero como quiera que el interés es en cierto modo el amor propio solidificado y bien entendido, la afirmación continua de una efectiva superioridad, el amor propio y el interés resultan dos partes del mismo todo, el egoísmo. De aquí proviene tal vez la prodigiosa curiosidad que provocan los avaros hábilmente puestos en escena. Cada espectador se siente unido por pan hilo a tales personajes que tienen que ver con todos los sentimientos humanos, pues todos lo comprendian.
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