¿Cómo hacer amigos cuando no sabes nada de su vida y ellos miran la tuya a través de una pantalla? Estábamos solos. Marginados. Admirados o detestados, idolatrados o insultados. «El precio de la fama», decía mi madre… Y eso no era lo peor. Lo peor era que no estábamos a salvo en ningún sitio.