Ana María Shua

Contra el tiempo

    (esc) rito de iniciaciónhas quoted5 months ago
    «El cuentista, como todos, tiene sus ilusiones. El cuentista cree que hay un detalle del universo que lo explica y lo contiene: con su red y su lazo sale a la caza de ese ínfimo detalle esquivo. El universo, sin embargo, no tiene explicación ni tiene límites. De ese fracaso nace el cuento».
    Miguel Ángel Vidaurrehas quoted5 months ago
    Mel Brooks dice «Tragedia es cuando uno se corta un dedo; comedia es cuando el otro va caminando, se cae en una alcantarilla y se muere»
    (esc) rito de iniciaciónhas quotedlast month
    escritor se repite inevitablemente. Te das cuenta leyendo a los más grandes. Se salvan solamente los que dejan de escribir, como Rulfo pero… ¿no es triste?
    (esc) rito de iniciaciónhas quotedlast month
    Escribir mi propia literatura es como nadar en el mar, de noche, en la tormenta.
    (esc) rito de iniciaciónhas quotedlast month
    Leo siempre, todos los días, no hay épocas en que no tenga un libro empezado, no sabría qué hacer sin la lectura. «¿Cuántas horas por día dedicás a la lectura», me preguntó una vez, solemnemente, un amigo psicoanalista. Lo miré con sorpresa. Nunca se me había ocurrido contarlas. Leo en los intersticios de la vida. Eso parece poco, pero es mucho. Leo en todo momento, cuando no estoy haciendo otra cosa que me lo impida. Quiero decir, leer es el estado natural del ser humano, ¿verdad? Leer es lo que uno desearía estar haciendo siempre. Se trata de tener algo para leer siempre a mano: en la cartera, en el bolsillo, en el baño, en la mesa de luz, en el estante, en la computadora, sobre la mesa de la cocina y la del comedor, en casa de amigos y parientes, en la oficina. Entonces uno abre el libro, se zambulle y zas. Allí se va, leyendo, por el río de las palabras. Sí, es lectura escapista. Houdini lector. Leo como quien respira. A veces es inevitable contener el aliento, pero en cuanto saco la cabeza fuera del agua (ese efecto se produce, curiosamente, cuando me sumerjo en la lectura), otra vez estoy allí, leyendo. En los vehículos de transporte, qué maravilla. En el metro, por ejemplo, en horas pico, con los brazos levantados, apoyando el libro sobre la nuca o la espalda de un desprevenido compañero de viaje. En el metro vacío, cómodamente sentada, un poco culpable siempre por mi ausencia de la realidad. ¿Sobre qué voy a escribir si no miro, si no sé, si no estoy? Leo en el baño, siempre y largamente. En la cama, ¿por qué no? Pero qué bueno en la cocina, comiendo, simultaneidad del placer. En los bares, tomando cortaditos. En los aeropuertos, casi sin mirar el reloj. En la bañadera. Caminando. He llegado a caerme en un pozo por leer en la calle, pero no por culpa mía, fue el pozo artero que me atacó, disfrazado con un plástico negro. En las colas de oficinas públicas y bancos y supermercados. (Ah, con qué gusto extraigo mi libro mágico en todos los lugares donde no quisiera estar). ¿Dónde no leo?, debería preguntarme. Nunca leo en la ducha, ni cruzando la calle, a menos que haya luz verde.
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    Lo que no le interesa a los adultos, aburre a los chicos.
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    Todavía hay una crítica académica que tiende a separar a las mujeres de la corriente general y ponerlas aparte. Como si no pertenecieran a ninguna tendencia, a ningún género literario, a ningún grupo. Se las agrupa en un capítulo aparte por su sexo, y me niego a usar la palabra género en este caso: se las aparta por su útero, por sus mamas, por sus caderas. Antes lo hacían los académicos misóginos. Ahora lo hacen las académicas feministas. El resultado es exactamente igual: deplorable. Se trata a la literatura-escrita-por-mujeres como si fuera un género literario. Y no lo es. Espero que este desagradable corralito para encerrar mujeres desaparezca de una vez y podamos compartir espacios con nuestros colegas varones. Creo que con las escritoras de tu generación ya está sucediendo.
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    En buena parte de lo que escribo para chicos decidí dejar de lado el humor porque creo que en la literatura infantil argentina sobra humor y faltan otras emociones/sensaciones/sentimientos.
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    En el caso de la novela, consigo reducir la angustia obligándome a escribir sólo una página por día (si puedo escribir más, bienvenido sea, pero no estoy obligada). Una página por día es mucho. Aún sin fines de semana, da más de doscientas cincuenta páginas por año. Ninguna novela me llevó menos de dos años. Tarde cuatro en escribir El libro de los recuerdos.
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    el caso de la novela, consigo reducir la angustia obligándome a escribir sólo una página por día (si puedo escribir más, bienvenido sea, pero no estoy obligada). Una página por día es mucho. Aún sin fines de semana, da más de doscientas cincuenta páginas por año. Ninguna novela me llevó menos de dos años. Tarde cuatro en escribir El libro de los recuerdos.
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    Jamás me pasó que un cuento se me alargara hasta convertirse en una novela. Son ideas de distinto tipo, nacen en distintas partes del cerebro.
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    Con el tiempo y la experiencia fui aprendiendo que los temas no se eligen y la voluntad tiene apenas una cierta influencia en el estilo y en la escritura.
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    Quisiera poder escribirlo todo, de todas las maneras posibles.
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    creo que el proceso de la escritura de ficción es una operación similar a la del sueño: no se sueña con algo que uno no conoce, sino con una combinación absurda y descontrolada de elementos tomados de la vigilia.
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    , también en la Argentina, como en el resto del mundo, cuesta defender los cuentos. No se trata de que las editoriales sean malas o cobardes o no entiendan de literatura. Es que el lector los rechaza. Es un hecho que mis libros de cuentos, microrrelatos incluidos, se han vendido menos que mis novelas. Ojalá tuvieramos en Argentina un editor dispuesto a vivir del cuento, como Casamayor con Páginas de Espuma. ¿Por qué la gente tiene menos ganas de leer cuentos? Hay varias razones. Los cuentos exigen un poco más del lector. Cuando se entra en una novela, en las primeras páginas uno conoce a los personajes, aprende los códigos y después puede entrar y salir con relativa facilidad. En cambio, en un libro de cuentos hay que hacer ese pequeño esfuerzo de volver a empezar con cada uno. También está el prestigio de lo auténtico. Muchos lectores sienten que leer una novela implica un acto de inmediata apropiación cultural. No es sólo ficción, les da información. Cuando terminan, sienten que «aprendieron» algo. En ese terreno, el cuento pierde: es pura literatura. «Yo, cuando leo un cuentito, siento que estoy perdiendo el tiempo», me decía hace poco un señor que lee mucho.
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    Pero cuando la vida me pide que la escriba, siempre me pide cuentos.
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    Inés Fernández Moreno.
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    Mi formación fue la única que realmente pesa: la lectura. La carrera de Letras no me hizo ni bien ni mal.
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    Para nosotros, toda experiencia es también, cruelmente, fuente de escritura.
    (esc) rito de iniciaciónhas quotedlast month
    el tiempo se atropellaba a la velocidad de la muerte
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